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Sin lugar a dudas, uno de los conflictos principales que tienen muchas personas al realizar un protocolo o planificación dietética es el hecho de tener que pesar los alimentos para controlar sus cantidades. A pesar de que en algunos casos la persona ya está acostumbrada a pesarlos o no tiene ningún inconveniente en hacerlo, en otros casos, directamente, se niegan rotundamente a plantearlo.

Seremos claros: ¿Realmente hay que pesar alimentos en una planificación dietética? Como en casi todos los aspectos abarcados en nutrición, la respuesta es: ¡DEPENDE!

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¿Diferentes contextos? Pues… ¡Diferentes soluciones!

¿De qué factores puede depender que un profesional recomiende pesar los alimentos a una persona?:

  • Objetivo inicial: es importante plantearse el objetivo que persigue la persona de primeras: ¿Pérdida de grasa? ¿Ganancia de masa muscular? ¿Simple reeducación alimentaria? ¿Un cómputo de reeducación alimentaria + recomposición corporal? ¿Mejora del rendimiento deportivo? ¿Afinar muchísimo para rendir en un deporte concreto?
  • Evolución de los objetivos: es probable que los primeros meses no haga falta pesar ningún alimento, pero conforme transcurre el tiempo, los objetivos pueden cambiar y se precise afinar mucho más, pudiendo conllevar pesar algunos grupos de alimentos.
  • Grupo poblacional de la persona: ¿Con qué grupo poblacional nos encontramos?: ¿Población general sedentaria extrema? ¿Población general con baja actividad física? ¿Población general con media actividad física? ¿Usuarios de alguna práctica deportiva concreta? ¿Deportistas profesionales? ¿Deportistas amateur? ¿Tercera edad? ¿Niños? ¿Adolescentes?
  • Composición corporal y situación de la que se parta: si el paciente que tienes delante presenta obesidad y unos hábitos desastrosos, lo más probable es que, los primeros meses, e incluso años, no haga falta pesar absolutamente nada. Probablemente una buena formación y educación nutricional a través de pautas y consultas sean suficientes para mejorar la composición corporal. Por el contrario, si nos encontramos con un usuario de gimnasio que ha cogido unos kilos en el verano, que quiere secar un poco y está acostumbrado a pesar los alimentos, podría ser recomendable pesarlos.
  • Estado anímico del que se parta y experiencias previas con dietas: aquí será fundamental la entrevista dietética para conocer todo el contexto de la persona.
  • ¿Vive solo, en pareja o en familia?: si la persona vive sola, a lo mejor, puede pesarse todo perfectamente y le es realmente cómodo. Si vive en familia, es posible que la persona no haga la comida y la hagan sus hijos o pareja. Esto conlleva una adaptación del menú para que no sea un desastre.
  • Horarios y tipo de trabajo.

Como se puede comprobar, los factores son múltiples y complejos. Y podríamos seguir describiendo más y más. Es imposible ratificar si hay que pesarlos o no hay que pesarlos. Si te encuentras con alguien que predique que hay que pesarlos sí o sí o, en cambio, que no hay que pesarlos jamás en ningún caso, duda. Seguramente no quiera comerse mucho la cabeza o su trabajo solo esté enfocado en un grupo poblacional concreto.

Cuando hablamos de pesar los alimentos, no hablamos de pesarlos todos

“Pesar alimentos” no quiere decir que haya que pesar todos los alimentos. Dependiendo de los factores descritos anteriormente, el profesional alimentario podría recomendar que solo haya que pesar alimentos que sean difícil cuantificar a primera vista, como el pan, el arroz o los frutos secos. Sin embargo, algunos alimentos que posean per se medidas caseras conocidas, no habrá que ser tan quisquillosos en la mayoría de los casos. Por ejemplo:

  • Medio (1/2) aguacate mediano.
  • 1 plátano mediano.
  • 2 filetes medianos de pollo.
  • 1 scoop de proteína en polvo.
  • 1 vaso de leche.

¿En qué situaciones podría ser buena opción pesar los alimentos?

Aunque existen otros muchísimos más contextos que podrían crearse en un asesoramiento dietético, las siguientes situaciones podrían ser proclives y beneficiosas de cara a pesar algunos grupos de alimentos:

Aprendizaje para conocer sobre raciones de alimentos: a veces se infra– o sobreestiman las cantidades y las raciones que ingerimos. Un buen entrenamiento durante un tiempo determinado podría ser beneficioso de cara al futuro. Puede ser una buena opción con el fin de ser conscientes realmente de las cantidades que comemos: el arroz que le echamos a una paella del domingo, la cantidad de pan en la tostada de todas las mañanas, el aceite de oliva a las ensaladas, etc.

Nutrición deportiva: en objetivos específicos donde se persigue una recomposición corporal específica o donde existan metas competitivas, será interesante pesar algunos grupos de alimentos para hilar lo más fino posible.

Estancamientos: procesos de estancamiento en objetivos de pérdida o ganancia de peso en los que hay que intentar buscar de dónde puede venir el problema. En muchas ocasiones se da que la persona sobreestima o infraestima lo que come y no llega al superávit o déficit calórico, respectivamente.

¿En qué situaciones podría ser mala opción pesar los alimentos?

Población que se niega a pesarlos de primeras: cuando una persona viene la primera consulta diciendo de primeras que se niega a pesar cualquier alimento, ingéniatelas como puedas para no enviarle los gramos aproximados de los ingredientes de las comidas. Básicamente porque con cerrazones así es imposible y su adherencia se encontrará en –100. Si como profesional consideras que en el futuro es necesario pesar algo, tendrás que reeducar y hacerle ver que será importante para el progreso del objetivo.

Trastornos psicológicos: en algunos casos. Aunque esto forma parte de los profesionales de la psicología.

Vidas excesivamente ajetreadas: hay vidas de personas que tienen que sacar tiempo solamente para comer. Imaginad que tuviesen que pesar los gramos de la quinoa en una ensalada.

Objetivos menos ambiciosos: a veces hay personas que no tienen que pesar los alimentos porque con un mínimo de cambios en la alimentación, mejoran. O, por ejemplo, porque con las raciones que les explicas en la consulta es suficiente como para que controlen perfectamente lo que comen en el día.

¿Pesar los alimentos para toda la vida?

Pues…. ¡Depende también!

Seamos claros: para la mayoría de población, pesar alimentos es un lastre y una pérdida de tiempo. Pero para otras personas, es algo totalmente normal y no les crea ningún tipo de inconveniente ni estrés.

Como hemos dicho anteriormente, si has estado familiarizado alguna vez con algún protocolo dietético pesando alimentos, seguramente ya no te hará falta pesar la carne, el pescado, la proteína en polvo, el lomo o el pan. Sin embargo, cuantificar según qué fruto seco, la soja texturizada, el arroz, el cuscús o el guacamole, puede que sí. Y es probable que durante la semana tengas que pesar solo 4-5 alimentos. Y no pasa nada. Eso sí, es cierto que hay personas que incluso se niegan a hacerlo.

Conclusiones

  • Como resumen de todo lo escrito anteriormente: depende.
  • Cuando hablamos de “pesar alimentos”, no debemos irnos al todo (pesar hasta el orégano) o nada. Podemos no pesar la mayoría y sí hacerlo con 2-3 alimentos durante la semana.
  • El tipo de persona, su vida cotidiana y su objetivo concreto marcarán totalmente el realizar, o no, esta acción. Lo que está claro es que la persona debe estar adherida al protocolo nutricional. Si no es feliz pesando alimentos, debería no pesarlo. Eso sí, en algunos casos algo más específicos, a veces no se puede esperar conseguir un objetivo, no cocinar y que el 80% de las recetas sean guisos caseros en los que hay poco control en ingredientes que podrían ser muy calóricos. En ocasiones no queda otra que hacerlo para llegar a objetivos concretos.

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